lunes, 30 de julio de 2012

Reflexión 4: de la post-democracia y la post-política en la sociedad multitranscultural y de las TIC.

[Ver Reflexión 1Reflexión 2: sobre el imperativo de la "corrección política"Reflexió 3: La política, del deure a la filantropia]


La situación político-económica actual ha acabado por transmitir la impresión a un número cada vez más elevado de personas que nos adentramos en una era postdemocrática. Los gobiernos de tecnócratas en algunos países europeos o las organizaciones supraestatales como el BCE o el FMI son casos que reafirman la incapacidad de los gobiernos elegidos democráticamente ante la market-driven globalisation.

¿Es necesaria una regeneración de la democracia? Parece evidente que sí, y que es también deseable para no terminar pereciendo en el horizonte postdemocrático hacia el que vamos. Tenemos muy interiorizadas las bondades de los valores democráticos y, a pesar de sus limitaciones, es la forma de organización más justa e igualitaria que conocemos. En una hipotética regeneración de la democracia las TIC son una herramienta de información, expresión y comunicación que pueden constituir un pilar importante, defendiendo la participación de los ciudadanos en los asuntos del gobierno a través de una relación mucho más directa de gobernantes-gobernados o, en una postura más utópica, a través de la mimetización de ambos roles. Ya existen ejemplos de acción política a través de las TIC: desde su relativa importancia en las revoluciones de la llamada “primavera árabe” hasta las movilizaciones del 15-M en España o de Occupy Wall Street en Nueva York. No obstante y en el contexto occidental creo no equivocarme si afirmo que estas protestas, impulsadas y organizadas a través de las TIC, no han tenido una verdadera repercusión política frente a la market-driven globalisation.

Pero al hablar de los mercados, las corporaciones transnacionales o las organizaciones supraestatales quizás deberíamos sustituir el concepto de post-democracia por el de post-política. En un libro titulado En defensa de la intolerancia el filósofo esloveno Slavoj Žižek considera la verdadera política como «el arte de lo imposible, cambia los parámetros de lo que se considera “posible” en la constelación existente»[1]. En este sentido es en el que afirmo que nos hallamos ante un horizonte post-político. El orden de las cosas no cambia y seguimos en un mundo cada vez más dirigido por el mercado.

La crítica que Žižek hace en su libro del liberalismo tolerante y multicultural se dirige a mostrar la repercusión que esta actitud política tiene sobre la esfera de la economía que es la despolitización de ésta. En las páginas finales del libro escribe: «el modo en que funciona la economía (la necesidad de reducir el gasto social, etc.) se acepta como una simple imposición del estado objetivo de las cosas […] La única manera de crear una sociedad en la que las decisiones de alcance y de riesgo sean fruto de un debate público entre todos los interesados, consiste, en definitiva, en una suerte de radical limitación de la libertad del capital, en la subordinación del proceso de producción al control social, es decir, en una radical re-politización de la economía»[2]. El ánimo de reivindicar la necesidad de una actitud política que preste mayor atención a la esfera de la economía en detrimento de la política de tolerancia del multiculturalismo está presente en todo el libro de Žižek. Reivindicación de una actitud que, por usar las palabras de Lluís Duch y Albert Chillón, «idee y ejerza políticas de fondo en lugar de dedicarse a veleidades éticas y estéticas»[3].

En este complejo contexto cabe preguntarse si realmente una democracia más directa y participativa es por lo que hay que luchar vista su incapacidad ante la market-driven globalisation. Se trata de aclarar si la regeneración tiene que producirse en la democracia o en la política. Algunas de las protestas impulsadas por las TIC han tenido un fondo verdaderamente político (en el sentido de subvertir el orden establecido de las cosas) pero, excepto en contados casos, no se han logrado las consecuencias esperadas. En este sentido corremos el riesgo de que el importante instrumento que nos ofrece la revolución tecnológica, las TIC, se pierda desgastado por la difícil pelea en el ámbito de la re-politización de la economía y acabe relegado a las reivindicaciones de grupos locales que en una sociedad multitranscultural y bajo el paraguas del liberalismo tolerante tendrían la fachada moral para ejercer su deseo de participación política.

Las quejas hacia la política poco democrática no deberían llevarnos hacia la democracia poco política. Tenemos capacidad para reconducir la situación de una forma que no excluya ninguno de los dos horizontes (ni el democrático ni el político). Pero en vistas de la sociedad multitranscultural hacia la que avanzamos, del aumento de reivindicaciones de legitimación para los diversos estilos de vida particulares y, por último, de la market-driven globalisation; no está de más preguntarse si llegado el hipotético momento y viéndonos obligados a elegir seríamos capaces de prescindir de la democracia para no perder la política, es decir, si nos atreveríamos a aceptar un horizonte post-democrático para no caer en un horizonte post-político.

Marc


[1] Slavoj Žižek. En defensa de la intolerancia. 2007. Sequitur: Madrid. pág. 33
[2] Slavoj Žižek. En defensa de la intolerancia. 2007. Sequitur: Madrid. pág. 110
[3] Lluís Duch y Albert Chillón. “La izquierda en su laberinto” http://lluisduch-albertchillon.blogspot.com.es/2012/04/la-izquierda-en-su-laberinto.html

lunes, 16 de julio de 2012

Del proceder socrático, pasando por el cogito cartesiano, hasta la era tecnológica


En este escrito trataré de enfocar la concepción que se ha tenido acerca del conocimiento, el proceder hacia él por medio del pensar y la posterior adquisición de la verdad anhelada. Comenzando en la Antigua Grecia, Sócrates se erigió como abanderado en la lucha por conquistar la verdad, frente a la ideología de la escuela sofista, que situaba el reconocimiento y el éxito un peldaño más arriba que la verdad en la escala de validez. Frente a esta postura, Sócrates emprendía la búsqueda del conocimiento procediendo a partir de la base más simple y llana, el “solo sé que no sé nada”. Partiendo de este punto, Sócrates iba remontando el camino a base de razonamientos simples para ir acercándose cada vez más a la culminación conclusiva. Demostraba que, pese a la creencia que tenemos de poseer determinados conocimientos, nos encontrábamos distantes de lo que en realidad esos conceptos significaban. El pensar socrático se construía de este modo a base de una ascensión, constituyendo la ignorancia la base, las deducciones el camino, y el conocimiento la cima.

Haciendo un salto cronológico nos hallamos en la modernidad, con uno de sus iniciadores, René Descartes, que sabiamente consciente de la dificultad para llegar a lo que él llamaría un sistema de conocimiento seguro, procedería a la purga intelectual de todas aquellas creencias no justificadas, alejadas del conocimiento “claro y distinto” pretendido por el filósofo francés. Resumiendo muy tendenciosamente su doctrina, podemos decir que mediante la “duda metódica”, partiendo en primer lugar desde el principio de presunción de falsedad, por el cual toda opinión es falsa hasta que no se demuestre lo contrario, recorría fuentes de conocimiento, de las que destacaban los sentidos y la razón, y proponía dos tipos de dudas, la duda moderada y la duda hiperbólica. Tal revisión de las fuentes de conocimiento podríamos resumirla así:

                     Sentidos:
a) Duda moderada: errores que cometemos en cuanto a la forma, tamaño, posición...de los objetos
b) Duda hiperbólica: dificultad para diferenciar entre el estado de vigilia y el de sueño

                     Razón:
a) Duda moderada: errores de cálculo
b) Duda hiperbólica: se basa en la suposición de un genio maligno, una entidad superior malvada que me engaña en mis creencias más elevadas, que son la creencia en la existencia de un mundo exterior conocido por los sentidos y la creencia en las verdades más simples de las matemáticas.

Gracias a toda esta argumentación, Descartes llega a su primera verdad indudable, que se sustenta en la idea de San Anselmo “si me equivoco, soy” para llegar a la conclusión de que si realmente me engaña, es porque soy alguna cosa, soy un “algo engañado”, cuya esencia básica es el pensar, aunque sea todo falso. Así llegará al “cogito, ergo sum”. A diferencia de Sócrates, Descartes ya no parte de una “nada”, sino que parte de un primer conocimiento indudable, que le servirá para a partir de ahí, constituir la totalidad de la realidad, siendo el pensamiento el que la determina. Este “panracionalismo” plasmado en el antropocentrismo cartesiano, nos muestra la necesidad de purgar la doxa, algo que Sócrates, mediante sus razonamientos, conseguía hacer. Ambos optaban por un criterio de verdad absoluta, abordando su conquista por medio de un proceder distinto.

Por último, llegamos a la era postmoderna, donde la facilidad de acceso al conocimiento, del que disponemos a golpe de “clic”, nos hace caer en un conformismo que genera un conocimiento superficial. Asistimos a la paradoja del conocimiento actual, donde la mayor facilidad de acceder a él, conlleva adquirir un conocimiento de segunda mano, superficial. Tal es el motivo de la arbitrariedad con la que se suelen utilizar muchos conceptos que hoy en día “están de moda”, conceptos tales como “valores”, “ética”, “moralidad”, etc. Sin siquiera saber bien del todo qué significan, puesto que parece pueden abordar todo tipo de ámbitos y todo tipo de situaciones. Hasta se llega a decir que en el amor no hay ética, cuando uno de los máximos representantes del mismo, encarnado en la figura de Jesucristo, promovía una nueva ética, basada en el amor a escala universal. Quizá, hoy más que nunca, necesitamos de una base socrática, para tomar los asuntos críticamente, siguiendo un proceder exhaustivo, cartesiano, para así poder entender algo mejor la realidad de nuestra sociedad.

Pau.


martes, 3 de julio de 2012

Se busca emprendedor joven y creativo


A raíz de la crisis económica y en el contexto español ha aumentado considerablemente el uso de lo que denominaré “vocabulario del emprendedor”: en este encontramos diversos conceptos: emprendedor, joven, creatividad, innovación, reinventarse, etc. Esto no significa que antes no se hablara de ellos, es evidente que existen desde mucho antes de la crisis. Pero lo que sí percibo es que a partir de ésta se habla mucho más de estos y sobre todo se hace de forma conjunta ya que hemos acabado por asociarlos.

Repito que no son conceptos que se “inventen” a partir de la crisis. Ya existían anteriormente, no partimos de cero. No obstante, ahora todos estamos mucho más familiarizados con estos, los encontramos en todos lados: periódicos, revistas especializadas y de divulgación, telenoticias, tertulias radiofónicas, magacines televisivos, toda una literatura del emprendedor, etc.

Ser emprendedor es “cool”, conlleva un prestigio, un valor socialmente atribuido. No hay duda de que es mucho mejor que estar parado pero emprender conlleva riesgo. Ser emprendedor supone aceptar ese riesgo, ser capaz de convivir con él. ¿Esto puede generar individuos más dispuestos a actuar en situaciones de incertidumbre y miedo, individuos que no se acobarden y paralicen ante lo desconocido y lo inseguro? ¡Pero cuidado! ¿Esta supuesta valentía que lleva a actuar bajo riesgo e incertidumbre es reflexionada y razonada o por el contrario responde a un deseo ingenuo de emprender? Está claro que sin un ápice de optimismo y motivación uno no dedica su tiempo y ahorros a crear y emprender. Pero como dice Emilio Duró “no hay nada peor que un tonto motivado”.

Un concepto interesante dentro del “vocabulario del emprendedor” es el de innovación. Acordaremos que innovar implica aportar algo nuevo y que este concepto está estrechamente relacionado con el de creatividad. En su día ya escribí sobre el concepto de creatividad y la manera como la entendemos actualmente [Ver La creativitat està sobrevalorada] y las conclusiones de entonces son aplicables también para éste caso. Una sociedad que fomenta la innovación es para mí mucho más deseable que una que se estanca en el conservadurismo, el problema está en la forma de entender la innovación. Hay que vigilar y replantear los términos cuando conceptos como el de innovación se convierten en fines en sí mismos. Innovar e innovar porqué tenemos los medios y la creatividad para hacerlo, aunque ello nos lleve al mismo lugar del que partimos.

Pero el concepto de innovación llega a su connotación más apasionante cuando se aplica al individuo mismo. Entonces se le llama reinventarse. Abandonar aquello a lo que me he dedicado hasta el momento para ocuparme de algo distinto. Aquel concepto de un trabajo estable, dentro de una misma empresa ascendiendo de cargo con los años y la dedicación es algo que ya ha quedado obsoleto y que incluso provoca cierto malestar y rechazo. Preferimos, o han conseguido que prefiramos, ser unos “nómadas laborales”, infieles por elección, reinventores de nosotros mismos y nuestras capacidades (es curioso observar como incluso la ciencia contribuye a esto. ¡Piensa en el concepto de plasticidad cerebral!). Además se trata de reinventarse no tan sólo cuando nuestro proyecto fracasa: el emprendedor ha llegado a identificar el fracaso con la oportunidad, oportunidad para aprender de los errores, oportunidad para mejorar, oportunidad para reinventarse; sino que también, y esto lo más interesante, se trata de reinventarse cuando todo va bien.

Sin duda el espíritu emprendedor es un recurso que hay que fomentar, y así se hace, pero no sin reflexionar la clase de individuo que éste potencia. Individuo que se convierte en funambulista del riesgo, nómada convencido que no dudará ni un instante en abandonar un proyecto, aunque funcione, para embarcarse en uno nuevo, siempre escudándose en el discurso de lo “mucho aprendido” y lo “mucho por innovar”; un innovador empedernido que se regocija en su afán por reinventarse casi provocándose esquizofrenia. Como he apuntado en otros escritos se trata de pensar críticamente para no dejarse llevar por las tendencias del momento.

Marc

martes, 26 de junio de 2012

Reflexió 3: La política, del deure a la filantropia

[Veure reflexión 2 i reflexión 1]


En els temps que corren, ens hem acostumat a depositar en la política tots els mals socials, fruits d’un règim corromput que és capaç d’accedir a la veritat absoluta, per acte seguit allunyar-se’n i exercir l’element de manipulació per tal que els seus objectius es vegin satisfets. Un dels retrets fets a la política és el de la vocació, és vocacional la política?, tot polític ha de ser-ho per tal de posar-se d’immediat al servei del poble? Per respondre a les seves pretensions, exigències i reclams? Està la democràcia fortament corrompuda pel fet de no atendre a allò que els ciutadans volen?

Cercant els inicis de la política, ens traslladem en  l’eix cronològic fins la Grècia antiga, en concret a un dels seus grans referents, i a la que pot ser la seva obra més influent, o almenys, la més “carismàtica” avui dia. En la obra de Plató, i en la seva ideologia escrita en “La República”, trobem un posicionament que ha patit males interpretacions i conclusions tendencioses al voltant de la figura del filòsof. Un dels principals errors, és el de confondre la seva obra amb el reclam del poder per part d’un aristòcrata. Si bé és cert que Plató es decantava per l’oligarquia com a règim polític, no hem de concloure que els motius fossin egoistes. Els aristòcrates representaven la classe “culta”, “llegida”, és a dir, els més intel·ligents, i perquè no dir-ho, els que tenien millor retòrica. Si aquests eren els millors, com no anaven a governar? No és cert que estem perseguint sempre l’excel·lència? Plató traça en “La República” tot el procés que ha de seguir l’individu fins arribar al poder, passant per diferents estats, etapes, proves, etc., que el faran estar en disposició de conèixer en què consisteix governar, i actuar en conseqüència.

Ara ens traslladem al mite de la caverna, on, en resum, podem extreure la necessitat que el filòsof (aquell que ha tingut accés als graus més elevats de coneixement) il·lumini aquells éssers cavernosos, alimentat per la doxa i sense capacitat de pensar més enllà de les recepcions sensibles. Aquí hi trobem un punt clau. En aquesta necessitat queda presentada la vessant de la política com a deure, malgrat la dificultat que comporta tornar de nou a la caverna un cop has pogut accedir als graus de coneixement superiors, degut a que els presoners que allà segueixen no beuen de la mateixa font de coneixement, així doncs consideren al transformat “filòsof” com un boig. La feina del filòsof és la de inspirar coneixement a la població adormida en l’opinió, que es troba submergida en un estat de ignorància del que tampoc mostren gaire interès en sortir. Així, com el mateix Plató expressarà, malgrat ser una feina feixuga, hi ha un deure social podríem dir-ne, per part dels més preparats, per formar, per extirpar aquesta conformitat en la doxa.

És ben cert que hem deixat enrere aquesta concepció, però fixem-nos també en l’exemple d’Immanuel Kant, que en la “Pedagogia”, formulava la següent sentència:

“L’home és allò que l’educació fa d’ell”[1]

De nou, ens esdevé la imatge de sotmetiment a una autoritat més elevada, ja no és el filòsof rei, ara és l’educació, que configurarà el que nosaltres podem arribar a ser. Però en tot cas no depèn de nosaltres, és un procés totalment heterònom, però que ens ajudarà en la formació tant intel·lectual, com també en la vessant ètica i moral.

Ens aquests temps de crisi, molt aprofitables per determinats sectors per treure a relluir totes les ideologies que restaven amagades, esperant el moment indicat per fer-se veure i demostrar la denigració social i els mals del capitalisme, sumat a la necessitat d’establir els ideals comunistes i fins tot anarquistes, cosa de dubtosa realització. Com diu Innerarity en una entrevista publicada a la Vanguardia:

No ens representeu, és un eslògan profundament antipolític perquè no hi ha política sense representació”[2]


La política no és una eina filantròpica, no existeix per pura estima al gènere humà, és una eina representacional, i fins i tot, ha d’esdevenir de nou una eina formativa, que permeti la maduració, la sortida de l’individu de la minoria d’edat, minoria d’edat que per a Kant va ser superada amb la Il·lustració. Posant un exemple anacrònic, però, podríem exercir un judici per part de Plató sobre la formació dels governants actuals. Les coses canvien, i ho fan de manera bifurcada, tant cap al progrés, com cap a la involució.

Pau.


[1] Kant, I. Pedagogía. (2003) Madrid: Akal
[2] Innerarity, D. Veus per a un món en qüestió. 20 Maig 2011

domingo, 17 de junio de 2012

Reflexión 2: sobre el imperativo de la "corrección política"

[Ver Reflexión 1]

Atreverte a dar tu opinión es el primer paso, necesario, para encetar un debate. Podemos pensar que en las sociedades democráticas, que protegen la libertad de expresión, dar ese paso no debe suponer un problema (más problemas plantea dar tu opinión en una sociedad dictatorial y opresiva, sobre todo si tal opinión es contraria al régimen).

Convenimos en considerar debate una conversación en la que se presentan diversas opiniones, en ocasiones antagónicas, y se discute sobre estas aportando argumentos razonados que respalden una opinión o que rebatan otra.

El uso de la palabra opinión no es casual (en un debate no suelen discutirse verdades que consideramos probadas). Pero existe un consenso que permite afirmar que la verdad es relativa. Podemos discutir si este relativismo es ontológico o más bien epistemológico, pero el resultado en la vida diaria será el mismo: la verdad depende de tantas cosas que no es posible afirmar nada de modo completamente seguro. Así el debate público consiste en la expresión de opiniones que siempre serán más verosímiles si se refuerzan con argumentos razonados y que se amparan en la libertad de expresión que las sociedades democráticas protegen.

Pero este debate público no está exento de presiones. Cada vez más cualquier persona que expresa su opinión en público, especialmente si por ser quién es o la posición que ocupa su opinión será ampliamente difundida y considerada, debe atenerse al imperativo de la “corrección política”. Bajo la perspectiva ilustrada el debate, junto al cultivo de la razón debía contribuir a cambiar los prejuicios por juicios razonados. Pero en el momento presente debemos cuestionarnos sobre la vigencia de un prejuicio, basado en la siempre loable y bienintencionada voluntad de respeto al prójimo, pero prejuicio al fin y al cabo que es la ya nombrada “corrección política”.

Robert Skidelsky nos brinda en un artículo sagazmente titulado La libertad de expresión asediada[1] una reflexión que ilustra de modo inmejorable esto de lo que vengo hablandoDe acuerdo con el relativismo acerca de la verdad, Skidelsky apunta que «la presión de la “corrección política” se basa en el argumento de que la verdad es incognoscible. Las declaraciones sobre la condición humana son esencialmente cuestiones de opinión». A este argumento de carácter más epistemológico Skidelsky añade un segundo de tipo sociológico. «El imperativo sociológico que subyace a la difusión de la “corrección política” es el de que ya no vivimos en sociedades patriarcales, jerárquicas y monoculturales, que exhiben un acuerdo general, aunque irreflexivo, sobre los valores básicos». Así pues parece que se impone actualmente el igualitarismo populista que, siguiendo con Skidelsky, tiene como consecuencia «el tabú aplicado a ciertas palabras, frases y argumentos que dan a entender que ciertas personas, grupos o usos son superiores o inferiores, normales o anormales y a eso se debe también la búsqueda de formas cada vez más neutrales de etiquetar los fenómenos sociales, con lo que se priva el lenguaje de su fuerza e interés».

También Mario Vargas Llosa en su ensayo La civilización del espectáculo[2] hace mención al imperativo de la “corrección política” en un capítulo que dedica al concepto de cultura. El escritor peruano dice que «la corrección política ha terminado por convencernos de que es arrogante, dogmático, colonialista y hasta racista hablar de culturas superiores e inferiores y hasta de culturas modernas y primitivas».

Evidentemente no se trata aquí de defender posturas xenófobas, etnocestristas o de existencia de una raza superior (conocemos los episodios de exterminio, especialmente durante el siglo XX, a los que estas posturas han llevado). Pero sí creo necesario apuntar que, en mi opinión, la forma actual de entender la “corrección política” responde más a la categoría de prejuicio que a la de juicio razonado. El imperativo de la corrección política socava la reflexión crítica y sobre todo el debate político que cada vez se aleja más de la realidad social a la que cree representar.

Hace ya un tiempo que analistas políticos comentaban el ligero ascenso que registraban los partidos de extremos, especialmente aquellos de extrema derecha que se amparaban en la defensa conservadora de lo “auténtico” y lo “tradicional” en una sociedad multicultural. Podemos discutir la torpeza con la que los “cultos” y “cultivados” países occidentales han acogido el giro hacia el multiculturalismo. Pero el caso es que siempre ha ocurrido que en época de “decrecimiento” (como en esta crisis económica que vivimos) los discursos de la gente tienden a radicalizarse. Surge también la figura del chivo expiatorio, normalmente encarnada por el inmigrante, por el diferente.

En qué medida la difusión del imperativo de la “corrección política” ha contribuido a radicalizar las posturas de la gente habiendo agotado su capacidad para creerse discursos igualitaristas y neutrales por parte de la clase política dominante es una pregunta que debemos formularnos. Si en época de crisis los discursos extremistas tienden a ganar adeptos actualmente debemos cuestionarnos si el precedente político que podríamos denominar como igualitarismo populista tiene parte de culpa de los votos a un partido como es Amanecer Dorado en Grecia.

Hace falta replantear adónde nos lleva un imperativo como el de la “corrección política” y sustituir el igualitarismo populista acrítico por el debate respetuoso pero incisivo para cambiar los prejuicios por juicios razonados.




[1] Skidelsky, R. La libertad de expresión asediada. [artículo en línea] Project-syndicate. 21 junio 2011. http://www.project-syndicate.org/commentary/free-speech-under-siege/spanish
[2] Vargas Llosa, M. La civilización del espectáculo. (2012) Madrid: Alfaguara

martes, 12 de junio de 2012

A Facebook hi ha bodes, divorcis pujats de to i casaments pel civil


X ha passat d’estar en una vida de privacitat mínima a reclamar per a tots les seves vivències

Llegint un article sobre la concepció del secret en edats antigues i la seva nova visió en l’edat moderna, me n’adono de la inutilitat i displicència envers la obscuritat, el segellament de llavis i el pou de misteris que el secret amaga. Remarcable aquesta nova concepció del secret, cosa incòmoda, qui té secrets no és pur, està contaminat per una nota remarcada en negreta en el seu historial de vida. Genera animadversió, avui que està tan de moda la “realitat digital”, el secretisme troba una nova via per fluir i adaptar-se al recipient com si es tractés d’un líquid amb el que, seguint el consell de Bruce Lee, haguéssim de fluir.

Bona mostra d’aquesta nova visió és Facebook, on hi trobem tot un seguit de situacions sentimentals, que, com un manual per a ineptes en termes de sentiments i d’amor, ens permetrà classificar la situació en la que ens trobem ara mateix, similar al comú mapa amb la creu i la fletxa que ens indica la nostra posició. Obres el vano de possibilitats sentimentals, i elegeixes la que més t’escau. Kant avisava en la seva Pedagogia que com més instruments tenim en el nostre poder, més es destrueix la nostra habilitat natural. En aquest punt, sembla comprensible que necessitem instruccions per definir la nostra situació sentimental.

Facebook et permet establir un neocompromís matrimonial, on, excloses cerimònies, banquets, anells i benediccions, el compromís es consolida a partir d’una publicació, on amics i saludats (o no) assisteixen com a testimonis inconscients i passius de la forja d’un nou matrimoni. Mai havia estat tan a prop de nosaltres la possibilitat de tafanejar, amb tan sols un clic! D’això se’n pot dir estalviar saliva. Ara és on reclamo la segona part, en el divorci, jo també hi vull estar present. Vull saber draps bruts, enganys, promeses no complertes, tot un mix de sentiments/circumstàncies que porten al trencament d’una parella, ja no via documentació, sinó novament via publicació (notis el gran abast de les publicacions i les situacions sentimentals facebookianas, mai separar-se havia estat tan fàcil i tan proper al casament), que ens faran assistir a tot un procés de (des)intimitat, perquè ens capbussem al llit matrimonial com nens petits esporuguits de nit, que reclamen per a ells un lloc ben calent al llit dels progenitors.

D’ara en endavant, m’agradaria disposar d’una nova aplicació al facebook. La casa d’apostes, on podrem vaticinar quines parelles perduraran, durant quant de temps, i quines diran adéu en rigorós directe. Evidentment, tals previsions haurien de ser vistes per les víctimes d’aquests vaticinis, però sense possibilitat també de jugar-hi, que seria jugar amb cert avantatge. Tot això respon a la maniobra d’evasió del secret, no volem secrets, volem airejar els fets ja no als quatre vents, sinó a les connexions d’internet, per estar assabentats del minut a minut. Sempre s’ha dit que la veritat acaba sortint a la llum (cita molt ambigua per la menció de la veritat, que en escrits passats ja vaig decidir-me per la seva  relativitat), doncs si és així, escampem-la nosaltres, que la gent pugui senyalar-nos dintre d’un temps i comentar amb els companys:

- Mira, a aquest noi el va deixar la seva parella, suposadament per amagar-li coses, per tenir secrets, i no explicar-li totes les intimitats.

- Normal que el deixi, que és això de tenir secrets!

Pau.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Fringe: jugando a ser Dios.



«Si somos capaces de ser dioses entonces es nuestro destino serlo»: William Bell



Los mitos modernos ya no conciben la furia o el castigo de los dioses (o el Dios), el fruto prohibido, el fuego de la vida o el laberinto del minotauro. Los mitos modernos contienen multiversos, fenómenos paranormales, sustancias psicoactivas y nombres como el de JJ Abrams.

La enseñanza, sin embargo, se nos asemeja la misma que en los mitos antiguos. Tal enseñanza es el precio a pagar por la osadía, por el ímpetu inquebrantable de la especie humana de superarse a sí misma y a su creador. Nada es gratuito, y el precio a pagar puede ir desde el abrasamiento solar hasta la destrucción de universos.

El hombre contemporáneo vive cegado por la ilusión de un progreso que viene avalado por el saber científico. La ciencia apoyada en la fe tecnocrática y “subsistema ideológico de la razón calculadora”[1], se dirige a contrarrestar los miedos inherentes a la existencia humana. Pero cabe preguntarse si la ciencia actual no estará creando nuevos miedos más apocalípticos que los anteriores (desastre nuclear). Esto lo evidencia Fringe en la destrucción de los dos universos cuando Walter, gracias a la tecnociencia, abre un agujero entre estos para salvar a su hijo Peter de una muerte segura.

El mito del progreso ha presentado heterogeneidad en su legitimación. El filósofo alemán Immanuel Kant nos hablaba del progreso como el avance hacia lo constitutivo del hombre, abogando así por el desarrollo hasta la saciedad de la ambición de alejarse de un estado sombrío, animal y salvaje propio del hombre primitivo. Rousseau, ilustrado francés, reclamaba sin embargo para el hombre su regreso al más libertino estado original, trazando un paisaje “Edenístico”, único estado válido para el filósofo francés. El mito del progreso y sus insalvables consecuencias negativas se plasma en la doctrina Rousseauniana al asemejar “el progreso con una caída”[2], con una degradación y decadencia de la especie humana, encontrando su punto álgido y su reflejo en el comienzo del fin en el cruce de universos realizado por Walter Bishop.


Tal vez Fringe nos ofrece una visión extrema para volver a encontrar la enseñanza antiquísima y que hoy en día nos es recordada des de los ámbitos humanísticos; a saber: que la fe ciega en un progreso basado únicamente en las aportaciones de la ciencia y la tecnología olvidando el cultivo de las humanidades sólo es capaz de guiarnos hacia una espiral de soberbia que termina en la ilusión de omnipotencia, en tiempos pretéritos atribuida únicamente a Dios, y que acaba en la destrucción por parte del hombre de todo aquello que constituyó su esencia más natural.

El egoísmo mezclado por un interés de supremacía del género humano hará plasmar en la figura de William Bell al nuevo Dios moderno, un Dios que, consciente de la incesante actividad del ser humano para autodestruirse, promoverá la creación de un nuevo Universo, respondiendo también a esa necesidad imperiosa de reconocimiento, pero un Universo sin género humano. En el inicio del capítulo nos llega la imagen de ese universo, donde domina la belleza y la paz en un estado primigenio de vida, donde los animales supervivientes de Noe’s Arca (en términos postmodernos), pueden reposar sin ningún atisbo de destrucción. Puede que esta imagen refleje ese estado originario por el que Rousseau clamaba, pero lo que queda patente es que la inclusión humana en ese cosmos idílico junto con su banalidad y sus ansias de destacar, causaría un estrago que necesitaría otra destrucción  divina en pro de la paz perpetua.

Pau i Marc.


[1] Mongardini, C. (2007) Miedo y sociedad. Alianza
[2] Rousseau, JJ. (1980) Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres. Alianza